En el artículo previo, repasamos el porqué de los frecuentes problemas del suelo pélvico y detallamos uno de ellos, la incontinencia urinaria (IU). Hoy, continuamos comentando uno de los otros problemas más frecuentes: el prolapso de órganos pélvicos.
PROLAPSO DE ÓRGANOS PÉLVICOS
Para que puedas entenderlo de forma sencilla, el suelo pélvico (con sus músculos y tejidos) es como una hamaca que sostiene los órganos pélvicos: la vejiga, el útero y el recto. Por diferentes razones, estos músculos pueden debilitarse, causando un deslizamiento (caída o bajada) de los órganos fuera de su lugar. Esto, genera presión sobre la vagina, lo que, a su vez, provoca un bulto en los genitales. A toda esta concatenación de sucesos, es a lo que se le llama prolapso de órganos pélvicos. Dependiendo del órgano afectado, se le llama cistocele (si la que desciende es la vejiga), rectocele (si es el recto) o prolapso uterino (si se trata de la matriz).
Ya comentamos en el artículo previo que hay varios factores que pueden influir en que los músculos del suelo pélvico se debiliten, como el sobrepeso, los partos, la tos crónica o el propio envejecimiento.
¿Cómo puedo saber si tengo un prolapso?
En muchas ocasiones, sobre todo si el grado es leve, puede ser completamente asintomático. Algunos de los síntomas comunes que puede provocar son:
– Sensación de peso en la pelvis.
– Dolor en la parte baja de la espalda.
– Dificultad para orinar o defecar, algunas veces, teniendo que hacer maniobras con los dedos para ayudarte a conseguirlo.
– Sensación de bulto en genitales o de que “algo se sale”.
– Dolor o incomodidad durante las relaciones.
En cualquier caso, el prolapso genital no es un problema grave, sino, más bien, algo molesto y que puede llegar a interferir en tu calidad de vida. En función del grado de prolapso y tus síntomas, habrá distintas opciones de tratamiento. En todos los casos y como primera medida a tomar, tal como comentamos al respecto de la incontinencia urinaria de esfuerzo, trataremos de disminuir los factores que supongan un aumento de presión sobre el suelo pélvico (disminuir el peso corporal, tratamiento del estreñimiento, evitar coger pesos, etc.); esto no disminuirá el grado de prolapso, pero sí puede ayudar a que no vaya a más. Si con estas medidas no es suficiente, podremos optar por alguna de las siguientes opciones:
1) Ejercicios del suelo pélvico (o de Kegel):
Fortalecer el suelo pélvico mediante estos ejercicios, puede ayudarte a que el prolapso no avance.
2) Rehabilitación del suelo pélvico:
Los ejercicios dirigidos por un fisioterapeuta experto, te ayudarán a conocer y controlar mejor tu suelo pélvico y evitar la progresión del prolapso.
3) Láser ginecológico:
En el caso de prolapsos leves, el láser ginecológico es una buena opción y no invasiva para el tratamiento del prolapso; el calentamiento controlado de la mucosa vaginal estimula la producción de colágeno que, al mismo tiempo, va a fortalecer las paredes vaginales, conteniendo el prolapso.
4) Pesario:
Es un dispositivo que se coloca en la vagina y cuya misión es sostener a los órganos pélvicos en su posición, sin que aparezca el prolapso a través de ella. Esta opción suele ser la preferida por pacientes de cierta edad, que presentan un prolapso importante y no desean operarse.
5) Cirugía:
En los casos más severos, y en los que la paciente no desee el pesario, hay varias técnicas quirúrgicas que se utilizan para corregir el prolapso de órganos pélvicos; la elección de una técnica concreta por el ginecólogo, dependerá de las características de cada paciente.
Así que, si notas algún cambio en tus genitales y sospechas que puedes tener un prolapso, no dudes en consultar con tu ginecólogo. Te ayudaremos a buscar el tratamiento más adecuado para ti. No normalices este problema, que afecta a tu calidad de vida diaria, ¡porque puede tener fácil solución!
Un abrazo y gracias por tu tiempo.



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